Cultura Popoloca

Cultura Popoloca

La región de Tehuacán fue asiento hace aproximadamente 12 mil años de varias culturas, entre las que destaca la popoloca. No obstante, a pesar de los vestigios que prueban el nivel de adelanto alcanzado por éste y otros grupos sociales -de los que se desprende la cerámica, la arquitectura, la cestería, el arte mural, la herbolaria y la más grande generadora del principio básico de vida: la agricultura-, hasta el momento, la historia, no ha reconocido la aportación que éstos hicieron al mundo. A propósito del 347º Aniversario de la compra del Título de “Ciudad de Indios”, dado a Tehuacán el 16 de marzo de 1660, la arqueóloga Olga Fe Ramírez Montes de Oca, investigadora de la Dirección de Estudios Arqueológicos, antes denominada Dirección de Monumentos Prehispánicos, dependiente del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), cuestionada sobre qué falta para que la historia le de el lugar que le corresponde a la cultura popoloca, misma que fue igual o más importante que las culturas maya, olmeca, tolteca o teotihuacana, aseguró que “la cultura popoloca no está perdida en la historia, es más, está considerada como una de las más antiguas de la región y es muy importante por que representan una de las primeras manifestaciones dadas como grupo sedentario, surgidas a partir del cultivo de plantas y la elaboración de la cerámica”. Por ejemplo, la zona arqueológica de La Mesa, ubicada en terrenos de lo que hoy es la Junta Auxiliar de San Diego Chalma del Municipio de Tehuacán, “es importantísima”, por su ubicación estratégica y, por tanto, era el paso de Mesoamérica hacía el sureste que forma parte de los sitios en donde se asentaron las grandes culturas. Ahí, precisamente se tiene un punto de intercambio, de tal suerte que se tiene influencia huasteca, mexica, mexcala, entre otras. Hay restos de la cerámica más antigua que se conoce que es la pospoteri que solamente se había reportado en Guerrero y, del mismo modo, en arquitectura hay diferentes etapas constructivas. “Es que de veras hay tanto que investigar en este lugar que lo único que hace falta son arqueólogos que, no vienen por que no hay dinero que los respalde y una de las condicionantes del arqueólogo es que a fuerza tiene que trabajar bajo el auspicio del INAH, no pueden hacer nada por cuenta propia, nadie puede hacer una exploración si no está autorizada por el Consejo Nacional de Antropología e Historia. Es cierto que somos varios arqueólogos pero no suficientes para abarcar todos los rincones del país, sobre todo, por que este tipo de investigaciones requieren tiempo y es una actividad muy laboriosa. Tan solo una temporada de excavación lleva mínimo dos o tres meses, para posteriormente trabajar el resto del año en el análisis de los materiales”. Prehistoria. Según lo plasmado en la Revista Especializada Arqueología Mexicana –de mayo-junio de 1995- por el investigador norteamericano, Richard S. Mac Neish, autor del libro “The prehistory of the Tehuacan Valley”, el cual consta de 5 volúmenes editados en el periodo 1967-1972, por Robert S. Peabody Foundation, University of Texas Press ), que entre los años 1960 y 1994 se llevaron a cabo una serie de trabajos arqueológicos en el valle árido de Tehuacán, ubicado al Sur de Puebla, cuyos resultados arrojaron 12 mil años de prehistoria que representan el registro más antiguo de cualquier otra área del Nuevo Mundo. Si bien, no tendría sentido sugerir que los habitantes de esta altiplanicie mexicana fueron los primeros o los únicos en el hemisferio occidental que cultivaran el maíz silvestre, lo que sí se puede decir es que Tehuacán ha sido de los primeros cuya evolución se ha investigado de manera científica a detalle, cosa que no ha sucedido con la prehistoria del viejo mundo u otras del nuevo. En conjunto, no solo arqueólogos y botánicos sino más de 50 expertos en zoología, geografía, geología, ecología, genética, etnología y otras disciplinas que no solo se enfocaban al estudio del maíz sino también de otras plantas, hicieron excavaciones mayores en 12 sitios del Valle de Tehuacán. De estas excavaciones solo cinco cuevas (Coxcatlán, Purrón, San Marcos, Tocorral y El Riego) contenían restos de maíz antiguo. Pero éstos y otros lugares estratificados brindaron una rica información adicional sobre la gente que habitó el Valle durante un periodo de 12 mil años. En cuatro temporadas de excavación de 1961 a 1964 se logró una vasta cosecha arqueológica que incluyó aproximadamente un millón de restos individuales de actividad humana, más de mil huesos de animales (entre ellos antílopes y caballos extintos), 80 mil restos de plantas silvestres individuales y 25 mil especies de maíz. Los artefactos se ordenaron en significativas secuencias de herramientas de piedra, textiles y alfarería. Estos descubrimientos mostraron un cuadro casi continuo del surgimiento de la civilización en el Valle de Tehuacán. Al menos y por el momento, se tiene en Tehuacán la evidencia de la primera vida aldeana, un buen número de esqueletos de los indios más antiguos que se conocen y la primera y más elemental alfarería de México. Las primeras investigaciones se centraron en el desarrollo de la agricultura, particularmente del maíz (Zea mays), del cual se encontraron ejemplares conservados en los depósitos estratigráficos secos de los albergues rocosos de la región. Se levantaron muestras en varias zonas ecológicas: cuatro cuevas en la cañada del sur y en la zona de laderas aluviales de bosque espinoso, cinco en el travertino occidental y cuatro al norte de la ecozona del oasis El Riego. Las muestras señalaron una secuencia de nueve fases arqueológicas documentadas por miles de artefactos y evidencias ecológicas, los cuales incluyen 10 mil restos conservados de plantas, fitolítos y casi cien mil coprolitos humanos, todo ello sometido a minucioso estudio por un equipo interdisciplinario internacional. Dicho análisis proporciona la información sobre el desarrollo de la agricultura en Mesoamérica resumido en 9 fases culturales por MacNeish (quien trabajó alrededor de 7 mil 483 días en esta investigación arqueológica sobre el principio de la agricultura desde la Isla de Baffin, en el Ártico hasta el sur de Bolivia y desde Escocia hasta China Occidental. Otras de sus contribuciones a la arqueología incluyen investigaciones en paleoaméricanos, el periodo Arcaico en el Nuevo Mundo, el Ártico y el desarrollo de los iroquois). Fase Ajuereado (12000 a. C. a 7000 a. C.) En este periodo los pueblos fueron básicamente cazadores seminomádicos. En la etapa más temprana de esta fase, cazaban especies ahora extintas de antílope, caballo, camello, liebre gigante y otras. Entre sus armas y herramientas se encontraron puntas de flechas filiformes, navajas, raspadores pequeños y trituradores. Se agrupaban en microbandas y tal vez consumían bandas según la estación, aunque se encontraron muy pocos restos –algunas semillas de pasto setaria, amaranto, mezquite y nopal, huesos de aguacate silvestre y chupandilla, hojas de palma y nopal y fibras de diversos pastos. Solo hacia el final de esta fase se puso en práctica la programación de actividades según los ciclos estacionales y se comenzaron a usar pozos de almacenamiento, lo cual inicia una nueva forma de vida. Fase El Riego (6700 a. C a 5000 a. C.). En esta fase surgen las puntas con muescas o estrías tipo dardo, los pequeños raspadores de piel se reemplazaron por otros de forma alargada y aparecieron nuevos tipos de piedra para moler. La calendarización de patrones de asentamiento según las estaciones fue lo más importante y la gente se mudó de una ecozona a otra con las variaciones climáticas y de acuerdo a los recursos alimentarios. Esta subsistencia calendarizada les permitió explotar diferentes ecozonas en distintas temporadas y crear un complejo de diferentes técnicas de subsistencia. Las microbandas se reunieron en las márgenes de las cuencas húmedas o junto a manantiales del oasis El Riego durante la sequía invernal, ya que pocas plantas daban fruto entonces, los animales acudían también a estos sitios. La caza y la recolección o la captura de animales con trampas suministraban la mayor parte de la dieta de estos pueblos, aunque eventualmente consumían hojas secas, vainas y frutos. En primavera, las microbandas se dispersaban y exploraban las planicies de los valles centrales o las laderas aluviales para recolectar semillas y hojas de mezquite, nopal, amaranto y maguey. La caza y captura de presas animales menores disminuyeron conforme se incrementó la recolección de plantas. Durante la temporada de lluvias las bandas se dispersaban por todo el valle para recolectar semillas, frutos y hojas. Es probable que a finales de este periodo se hayan seleccionado semillas de amaranto y de chile para el cultivo, también puede ser que se hayan domesticado la cucúrbita mixta y el maguey, incluyendo mucha setaria, aunque algunos pastos solamente se recolectaran, así como el maíz silvestre (del cual aparecen huellas en forma de hojas en las heces y los fitolitos). En algunos sitios fértiles las microbandas se reunían a veces en macrobandas, pero volvían a separarse con la llegada del otoño. El otoño era la época de recolección de frutos en las laderas aluviales y aún en los bosques húmedos de las cumbres. Es probable que se cuidaran algunos árboles de aguacate y más tarde se plantaran y domesticaran, pero la mayor parte de los frutos solo se recolectaban, entre ellos: chupandilla, cosahuico y Spodias mombin. Como consecuencia de esta subsistencia más diversificada, nació la necesidad de almacenar durante la sequía, se modificaron los ecosistemas y aumentó la densidad de población. Fase Coxcatlán (5000 a. C. a 3450 a. C.) Durante esta fase se modificaron las puntas de proyectil y los raspadores y aparecieron las manos de metate. El cambio más importante ocurrió en el sistema de subsistencia organizado por ciclos estacionales. Las microbandas aún se asentaban cerca de los suministros de agua en estación de secas y practicaban la caza y recolección o captura de animales mediante trampas, pero consumían cada vez más comida de otras estaciones, almacenada para los meses de escasez invernal. En la primavera los pobladores se esparcían por la planicie de los valles centrales , las laderas aluviales del bosque espinoso y las laderas aluviales desecadas para recolectar semillas y algunos frutos. Pero el patrón se había transformado. Las bandas recolectaban plantas en lugar de cazar y cada vez cultivaban más plantas domesticadas –especies endógenas como la cucúrbita mixta, el maguey, el nopal, el maíz cultivado y plantas exógenas como la lageneria (guajes), la calabaza bubosa (cucurbita moschata) y posiblemente los frijoles comunes (phaseolus vulgaris). Las fechas directas atribuidas a las mazorcas por la Universidad de Arizona parecen indicar que el maíz sin tratamiento de Coxcatlán y las Cuevas de San Marcos son mucho más recientes, pero las fechas de los ejemplares fitolíticos de maíz bien tratados son más o menos las mismas que las dataciones originales más antiguas, correspondientes a 7000 mil años a. C. Esto muestra que no pueden fecharse correctamente con radiocarbono especimenes que no se hayan tratado y limpiado adecuadamente. Aunque en años recientes se han propuesto diversas hipótesis sobre el origen del maíz, la única secuencia del desarrollo real con ejemplares de maíz (unos 26 mil) es la derivada de las excavaciones en el Valle de Tehuacán. Si bien siempre existió un sistema de intercambio de obsidiana y se importó toba volcánica para las piedras de moler, ahora los habitantes del Valle de Tehuacán importaban y exportaban una cantidad considerable de plantas domesticadas. Durante la primavera la sobrevivencia dependía básicamente de la recolección de semillas. En el verano húmedo, en cambio, permanecían en un solo sitio para cosechar lo que plantaban en primavera ( maíz, calabaza y frijol). Fue así como la gente permaneció en un mismo sitio por periodos más largos cada vez. Al mejorar la dieta, hubo menos abortos, murieron menos viejos y aumentó la población, se propiciaron más fusiones en macrobandas y se creó así un sistema de retroalimentación que duraban hasta el otoño. En ese entonces, algunas microbandas emigraron a lugares de mayor altitud para cosechar aguacate, zapote negro y blanco (importado de bosques tropicales del oriente) y recolectaban los frutos del cosahuico, chupandilla, spodias mombin y otros que aún no eran cultivados. Se habían convertido ya en micromacrobandas semisedentarias y sus vidas se guiaban por un calendario estacional. Practicaban una agricultura incipiente y se enfilaban ya a un modo de vida sedentario. Fase Abejas (3450 a. C. a 2350 a. C.) Durante esta fase continuó la tendencia hacia una mayor producción de alimentos, el sedentarismo y el aumento demográfico. Una vez más se observa el cambio del tipo de puntas de proyectil, raspadores y piedras de moler, así como en las opciones de almacenamiento y la arquitectura de las casas hundidas. Las microbandas aún vivían en campamentos de caza, en lugares con agua durante el invierno cuando escasean los recursos naturales El aumento de producción alimentaria permitió, sin embargo, aldeas con casas hundidas y campamentos de macrobandas en ecozonas diversas, reduciendo la necesidad de aventurarse a otras ecozonas. En primavera las microbandas todavía recolectaban semillas, pero su tarea más importante era plantar frijoles comunes y tepary, calabaza mixta y moschata, amaranto, chiles y tal vez calabazas grandes (Cucúrbitas pepo), algunas de las cuales eran importadas. Un hecho significativo que resalta es que el maíz que sembraban era un híbrido cada vez más productivo. Al parecer, su maíz anual domesticado se había difundido sin la interferencia del teocintle en la etapa Coxcatlán y tal vez al hibridarse con el teocintle perenne se produjo un teocintle anual que se expandió por el Valle de Tehuacán y se cruzó con el maíz anual creando nuevas variedades muy productivas de maíz tricoide, que generaba gran cantidad de excedentes, lo cual posibilitó que las macrobandas se volvieran cada vez más sedentarias en primavera y verano, con ello aumentó la población y ésta a su vez demandó una mayor producción de alimentos. Esta necesidad de mayor producción de plantas comestibles domesticadas se reflejó en el sistema de subsistencia del otoño y se añadieron a la lista de estas plantas, el aguacate, zapote negro y blanco, chupandilla, el cosahuico y spondias mombin, ahora cultivadas. Hacia el final de la fase abejas, Tehuacán se encontraba en los umbrales de la agricultura aldeana, en tanto que el aumento de población crearía nuevos problemas, con la frecuencia, reflejados en la organización social. Fase Purrón (2350 a. C. a 1500 a. C.) Los datos sobre la fase en la cual se inicia la agricultura aldeana y la cerámica son muy escasos, al igual que en el resto de Mesoamérica, en el Valle de Tehuacán solo se han encontrado dos componentes. Tal vez fue durante esta época cuando se importaron de Sudamérica el algodón y las técnicas de tejido, así como la idea de cerámica. De cualquier modo, es posible que la fuerza motora haya seguido siendo el aumento demográfico. Se encontraron tres olotes tricoide tempranos, lo cual muestra que hubo producción agrícola pero no se halló casi nada más. Fase Ajalpan (1500 a. C. a 850 a. C.) La fase Ajalpan representa la vida aldeana propiamente dicha, casas de bajareque y arenisca y afiliación a clanes, como indican las figurillas femeninas. La agricultura de subsistencia se encontraba en pleno desarrollo y utilizaba todas las especies previas y nuevas variedades de maíz híbrido. La presencia de figurillas, arte y joyería indican el desarrollo de una vida ceremonial y parece señalar un nuevo sistema de intercambio (con manifestaciones Olmecas). Esto, junto con el incremento de la población, son las fuerzas motoras del cambio en Tehuacán. Hasta entonces, el desarrollo de Tehuacán iban al parejo con el resto de Mesoamérica, en la fase posterior, veremos un retraso. Fase Santa María (850 a. C. a 200 a. C.). En la fase Santa María aparecen nuevos tipos de figurillas y cerámica, el cultivo y uso de varias clases de frutos, crescentia cujete, ayocotes rojos (Phaseolus coccineus) y otras variedades nuevas de maíz. El patrón de asentamiento constaba, por lo general, de varios caseríos relacionados a centros ceremoniales con pirámides y plazas. El cambio primordial ocurrió en la producción de alimentos, la agricultura de subsistencia se volvió agricultura con excedentes, en virtud del riego, éste permitió a los “tehuacanos” cosechas tanto en las temporadas de lluvias como en las de secas, lo cual duplicó o triplicó la producción. Aunado a esta agricultura de riego, surgió la burocracia: oficiales que supervisaban la construcción y mantenimiento de canales y presas, quienes determinaban la distribución del agua. El poder económico y político recayó en aquellos que controlaban el agua, los jefes-sacerdotes. Por lo general, ocurre una transmisión gradual del control de las esferas religiosas a las seculares, lo que conduce al surgimiento del Estado. Tal cambio ocurrió en el norte, en el Valle de México y al sur, en Oaxaca. Por alguna razón no ocurrió en Tehuacán, aunque su cultura se enfilaba hacia una nueva fase. Fase Palo Blanco (200 años a. C. a 700 años d. C.). En la fase Palo Blanco el periodo clásico, aumentó y mejoró la agricultura de riego y puede verse en el Valle un gran aumento de la población. El sitio de la presa El Purrón muestra claramente cómo ciertos linajes de familia transformaron un caserío en un pueblo situado en lo alto de una colina –con juegos de pelota y plaza central rodeada de pirámides escalonadas-, el cual dominó a otros pueblos, aldeas y caseríos. La agricultura intensiva todavía se enfocaba sobre el maíz y otras plantas domesticadas subsidiarias, que incluyen en esta fase ayocotes importados, cacahuates, jitomates pequeños y guayaba. La existencia de una industria de la sal, el tejido y la cerámica en molde muestran la presencia de especialistas de tiempo completo. Sin embargo, la cerámica, incensarios y figurillas, así como los pequeños pueblos sobre las colinas – imitaciones a pequeña escala de Monte Albán- y las tumbas cruciformes, parecen indicar que Tehuacán se había convertido en una suerte de colonia norteña o estado subsidiario del imperio de Monte Albán del periodo Clásico Zapoteco de Oaxaca. Fase Venta Salada (inició 700 años d. C.) A finales del periodo Clásico la influencia parece haber cambiado del sur hacia el norte y occidente, al área Mixteca-Puebla. Los sistemas de agricultura de riego, complementados por largos canales y laderas terraceadas seguían produciendo las mismas plantas, a las cuales se añadieron habas y tipos de maíz más moderno. A finales del periodo los nonoalcas, procedentes de la mítica Tula, invadieron el Valle y se convirtieron en la elite gobernante, fundando varias ciudades-estado en Tehuacán, Coxcatlán, Teotitlán del Camino y otros sitios. Gran parte de la historia de su linaje, sus conquistas, religión y rituales fueron consignados en Códices tipo Borgia y en murales como el que se encontró en el denominado Tehuacán Viejo en 1991 que apenas se está descifrando. Hacia el final de su historia, las ciudades-estado de Tehuacán se volvieron tributarias del imperio Azteca. En este periodo nacieron las verdaderas ciudades en el Valle con un sistema agrícola que proveían el 85 por ciento del suministro total de los alimentos, con sistemas de trueque y comercio, un ejército en pie, proyectos de irrigación en gran escala y una religión compleja. Y justo antes de la conquista española, los aztecas reemplazaron a los mixtecas y, la conquista puso fin a la larga historia nativa del Valle de Tehuacán, así como a su desarrollo agrícola, iniciado en épocas prehistóricas. Respecto al origen del maíz, MacNeish agrega, según datos publicados en la Revista Siempre, editada en la década de los setenta, tomados de Scientific American con la traducción de Gladys Haro, que las investigaciones en Centro y Sudamérica no lograron demostrar la existencia de ninguna alta cultura que significativamente fuera anterior a la Era Cristiana y en segundo lugar los estudios botánicos sobre las variedades y sus parientes silvestres, antes dificultaron que aclararan el misterio del probable antecesor de la planta ya cultivada. Gracias a la estrecha colaboración de botánicos y arqueólogos, ambas dificultades tienden a desaparecer. Por lo menos ha llegado a establecerse un punto de partida para fijar la antigüedad de la labor agrícola en el nuevo mundo entre 5000 y 9000 años. Al mismo tiempo, el análisis botánico de las espigas fósiles del maíz, su grano y su polen, junto con simple lodo arqueológico han resuelto muchos misterios sobre el origen silvestre de la evolución del maíz cultivado, lo cual es clave en la prehistoria del Nuevo Mundo. El interés de los botánicos en la historia del maíz es simplemente práctico: estudian su génesis para producir mejores híbridos . Tras un siglo de buscar los ancestros del maíz, la investigación se limitó a dos gramíneas inflorescentes del Nuevo Mundo: Teosinte y Tripsacum que tienen rasgos semejantes a la planta cultivada. Sin embargo, el doctor Paul C. Mangelsder de la Universidad de Harvad y otros investigadores, basándose en experimentos de fertilización cruzada y otros estudios genéticos, llegaron en 1940 a la conclusión de que ninguna de estas plantas era el ancestro silvestre del maíz. Más aún, el Teosinte parecía producto de un cruce accidental del maíz verdadero con el Tripsacum. Mangelsder aventuró la hipótesis de que el progenitor del maíz era quizá el de tipo pop-corn con sus granos encajados en vainas, lo cual fue comprobado entre 1948 y 1960. Aún más importante es el hecho de que al fin se tiene un ejemplo en el Nuevo Mundo del desarrollo de una cultura, partiendo del estado salvaje hasta la civilización. El análisis preliminar de los materiales encontrados en Tehuacán indican que la hipótesis tradicional de la evolución de las altas culturas acaso tenga que ser revisada y modificada. En el sur de México muchos de los elementos característicos de la Revolución Neolítica del Viejo Mundo, no aparecen en forma de un nuevo complejo cultural o un nuevo modo revolucionario de vida. Por ejemplo, las herramientas de piedra tallada (en vez de lajas) fueron elaboradas primero en Tehuacán, cerca del año 6700 a. C. Y el cultivo de las plantas solo empieza alrededor de 5000 a. C. Sin embargo, los otros elementos clásicos del Neolítico en el Viejo Mundo, aparecen muy lentamente. Solo se encuentran aldeas alrededor del 3000 a. C. y la alfarería hasta los 2000 a. C. Revisando este registro se piensa más en el término de “evolución” neolítica que de “revolución”. Dichas investigaciones preliminares en Tehuacán sugieren ricos campos para continuar la exploración. Hay necesidad no solo de investigaciones detalladas sobre la domesticación del Nuevo Mundo, sino también la necesidad de obtener datos preliminares para el Viejo Mundo. Entonces –tal vez lo más incitante de todo- existe la necesidad de estudios comparativos de las similitudes y diferencias entre las culturas en desarrollo en el Viejo y Nuevo Mundo y determinar los cómos y los por qués de la civilización misma. TIEMPO MESOAMERICANO Preclásico Temprano ( 2500-1200 a. C.) Sobre este tópico, Joaquín García-Bárcena, arqueólogo por la ENAH, ingeniero químico por el Massachussets Institute of Tecnology, presidente del Consejo de Arqueología y del Consejo Nacional de Paleontología, ambos del INAH y miembro del Comité Científico Editorial de la Revista Arqueología Mexicana, en un número especial , explica que esta etapa se caracteriza por el establecimiento de poblaciones sedentarias organizadas en aldeas, cuya principal fuente de subsistencia era la agricultura y por que se empezó a usar la cerámica, tanto para hacer vasijas como figurillas. Hacia el final del periodo comenzaron a aparecer evidencias de diferenciación social. En sus inicios, casi todas las plantas que serían cultivadas en Mesoamérica habían sido domesticadas. Así , hay evidencias de maíz hacia 5000 a. C. tanto en el Valle de Oaxaca como en el de Tehuacán. Otro cereal, la cola de zorro (Setaria sp.) cuyo cultivo se abandonó luego, se encuentra a partir de 6000 a. C., mientras que tanto el frijol común (Phaseolus vulgaris) como el tepary (Phaseolus acutifolius) datan también de Tehuacán de 3000 a. C. Las calabazas son un cultivo muy importante en Mesomaérica, una de las especies la Cucúrbita pepo se ha encontrado a partir de 8750- 7840 a.C. Otras plantas especialmente productivas son ciertas especies de los géneros Amaranthus y Chenopodium , pues se consumen las hojas, las inflorescencias y las semillas. Se ha considerado que el primero ya domesticado se encuentra en Tehuacán a partir de 4000 a. C., el chile (Capsicum anuum) , el condimento mesoamericano por excelencia se encuentra domesticado en Tehuacán a partir de 4100 a. C. aunque se recolectaba desde mucho antes. También hay diversas frutas que se cultivaron desde muy pronto como el aguacate (Persea americana) a partir de 7200 a. C. y el zapote blanco (Casimiroa Edulis) , el zapote negro (Diospyros digyna) y la ciruela (Spodias mombim) después de 500 a. C. A diferencia de otras partes del mundo en las que la agricultura se desarrolló independientemente, acompañada de una presencia importante de animales domésticos, en Mesoamérica no sucedió así, pues, en contraste con la gran diversidad de plantas cultivadas, fueron pocos los animales domésticos, que se reducen al perrro (Canis familiaris) – que llegó de Asía ya como animal doméstico, acompañando a los pobladores tempranos-, el guajolote (Meleagris gallopavo) y las abejas sin aguijón. ALDEAS TEMPRANAS Durante el Preclásico temprano las poblaciones eran igualitarias y continuaban agrupadas en familias extensas. Habitaban en pequeñas aldeas, formadas por unas cuantas casas (5 a 10), distribuidas sin un patrón definido cerca de los campos de cultivo, las que a su vez se establecían en las tierras de mejor calidad, sobre todo, aquellas situadas en las planicies aluviales de los ríos o en las riberas de los lagos. Las casas eran semejantes entre sí, de acuerdo al carácter igualitario de los habitantes, pero su forma variaba de una región a otra. Así, en el Valle de Tehuacán se ha excavado una casa de planta oval, semisubtérranea. Cerca de las casas se encontraban varios pozos que se usaban como almacenes. Los muertos se enterraban bajo los pisos de las casas, cerca de ellas o incluso en los pozos de almacenamiento abandonados. CERÁMICA El barro cocido se empezó a usar en el Preclásico Temprano, tanto para hacer vasijas como para fabricar figurillas. Aunque la cerámica se considera como un indicador de la existencia de poblaciones sedentarias, no hay una relación funcional entre la manufactura de cerámica, el sedentarismo y la agricultura. No obstante, la fragilidad y el peso de las vasijas de barro las hace inapropiadas para poblaciones nómadas, por lo que la cerámica empieza a manufacturarse usualmente entre poblaciones que son ya sedentarias. La cerámica es uno de los materiales más abundantes en los sitios arqueológicos , aunque frágil, sus fragmentos se conservan bien y de ellos pueden deducirse formas, acabados y decoración de las vasijas originales. Las formas obedecen más a las funciones de las vasijas y por lo tanto, cambian más lentamente a través del tiempo, mientras que los acabados y decoraciones obedecen más a criterios estilísticos y cambian más rápidamente, a veces como resultado de desarrollos propios , otras como consecuencia de la adopción de rasgos de la cerámica de otros pueblos con quienes los fabricantes estaban en contacto. Es por eso que la cerámica se ha utilizado como herramienta de carácter cronológico y como indicador de afiliación cultural. El objeto más antiguo que se conoce es una figurilla antropomorfa de cuerpo cilíndrico, sin brazos, sin boca, con los ojos indicados por punzonados dobles colocados verticalmente. Proviene de Tlapacoya, Estado de México y está fechada en 2300 a. C. De fecha semejante es la cerámica Pox de Puerto Marqués, Guerrero que recibe ese nombre como resultado de las depresiones en su superficie que recuerdan marcas de la viruela y por esa misma época aparece en el Valle de Tehuacán una cerámica semejante, la Purrón, de color de beige a café, no decorada, cuyas formas son cajetes hemisféricos, tecomates y ollas globulares con cuello. En la fase Tierras Largas (1400-1150 a. C.) aparecen en Tehuacán las primeras figurillas que casi siempre son femeninas, de pie, desnudas, con la boca y los ojos producidos mediante punzonado. Durante el Clásico Temprano, las labores artesanales tuvieron gran auge en Teotihuacan, principalmente la cerámica y la manufactura de herramientas de obsidiana, así como los trabajos en jade y otros minerales semipreciosos, el bordado para decorar textiles finos y la albañilería. Entre las piezas de cerámica destacan los vasos trípodes, algunos de ellos finamente decorados con grabados en plano relieve o estuco policromado. Es importante aclarar que este tipo de piezas se elaboraron durante periodos anteriores en las tierras bajas del Golfo y su aparición en otros lugares no necesariamente significa la influencia directa de Teotihuacan. Otro tipo de cerámica muy difundida en este periodo fue la cerámica anaranjado delgado, generalmente en forma de vasijas hemisféricas con soportes anulares. Sin embargo, según sostiene George L. Cowgill ( profesor de antropología en la Arizona State University, Tempe, Arizona, quien además ha trabajado en Teotihuacan desde 1964 en los Proyectos de Planimetría de Teotihuacan y en el Templo Mayor), esta cerámica anaranjado delgado es originaria del Sur de Puebla , que incluye al Valle de Tehuacán y San Juan Ixcaquixtla – casi a 150 kilómetros de Teotihuacan y, los Teotihuacanos la importaron en grandes cantidades, aunque no se sabe si controlaron su distribución hacia otras partes de Mesoamérica-. A este respecto, el fundador de la Casa de Cultura Étnica Popoloca Xinatititiqui Kicia, Sabino Carrillo Navarro (qepd), quien dedicó sus últimos 30 años de vida a la investigación de esta cultura, refiere en los manuscritos que dejó que los historiadores e investigadores de las culturas prehispánicas que han analizado la vida social, cultural e ideológica de todas las razas basan en la cerámica la mayor parte de sus estudios. Explica que los artesanos de la alfarería de los siglos X al XV d. C. tuvieron la fortuna de conocer y dominar las arcillas, incluso mejor que los Europeos. En primer lugar por que tenían las mejores y más variadas clases de arcillas del país, tales como la crema o casi blanca que tenía 2.5 de fierro y que al someterse al fuego cambiaba de color, la arcilla gris que viene de la descomposición de la roca llamada pizarra (por esta arcilla hay polémica entre los investigadores, pues se han encontrado en algunos lugares vasijas, trípodes y platos, por lo que los arqueólogos no se ponen de acuerdo en su origen y la incógnita no se ha descifrado). “Lo cierto es que en la región popoloca hay cerros de este material, así como piezas arqueológicas en alto relieve y otros estilos, la arcilla roja y una gran variedad de arcillas duras que eran utilizadas para ligas”. A pesar de la confusión existente respecto al origen de la cerámica, baste decir que aquí existe una enorme cantidad de residuos de tepalcates, deshechos de los talleres de cerámica anaranjada delgada, los tanques de beneficio de las arcillas, estos tanques servían para lavar los barros y así suprimir las impurezas, entre ellas el carbonato de sodio o como se le conoce vulgarmente el “salitre”. Los ceramistas popolocas conocieron el sistema de “decantación” o lavado de los barros para eliminar el salitre, el sistema de moler las arcillas y después beneficiarlas con el lavado, desconocieron los molinos de martillos o de bolas que hoy en día usan las grandes industrias de la cerámica moderna. Las industrias de artículos porcenalizados, convierten en impalpables las arcillas, pero ya no las lavan, pues con las altas temperaturas se elimina el carbonato de sodio. Los artesanos popolocas no tenían esos molinos pero tuvieron metates de piedra con los cuales pulverizaban las arcillas para después decantarlas y estos materiales una vez lavados y molidos quedaban muy finos y con suficiente plasticidad para usarlos como engobes en las piezas de alto relieve. Con éstas perfilaban las figuras de dichos relieves y las hacían con el formato de levantar la figura a mano, ya que no usaban el torno, por eso para “formar” utilizaban el barro grueso, así le daban solidez a la pieza, después le colocaban el barro fino para terminarla con el bruñido o pulido en crudo. De esta manera cerraban el poro. Los ceramistas popolocas tuvieron el conocimiento del horno cerrado con sus jarros de aire para que le subiera el fuego, así el quemado era perfecto. Lograron una temperatura de 700 grados centígrados sin que hubiera imaginado que existía el “pirómetro” para graduar las temperaturas, o los conos pirométricos que ya vienen graduados a la temperatura deseada. Ellos, solo conocieron los colores del fuego para determinar si ya había llegado a su punto de cocción, la vista del hornero era tan aguda que podía determinar el color rojo, el amarillo, el azul y el blanquecino y jamás se equivocaban. Ellos, nunca hablaron de grados centígrados para decir, ya está en su punto, ya no le atices y, para decir salió bien el quemado, solo se ponían las piezas en la mano y la golpeaban con un objeto o simplemente con los nudillos y el sonido tenía que ser como campana que al tañer suena fino y sólido, así era como ellos determinaban si su loza había salido bien horneada. Este sistema de quemado rústico aún existe y se usa en algunas comunidades de los Estados de México, Michoacán, Oaxaca, Tlaxcala y Puebla, en donde se hacen grandes cazuelas moleras y arroceras, jarros, ollas, entre otros, con la diferencia que ya no pulen ni bruñen la loza, ahora usan la greta, o sea, un esmalte de baja temperatura que funde a unos 700 grados, lo que representa una particular coincidencia. La variante de colores de las arcillas que ya estaban listas para trabajarlas en cualquier trasto, como se dice en la alfarería, ese cambio de color de las pastas se originó en las diferentes ligas entre la arcilla semiblanca con una arcilla roja, fue así como salió la famosa loza anaranjado delgado que fue el delirio de todas las razas. ANTECEDENTES HISTÓRICOS DE LOS POPOLOCAS El gentilicio popoloca fue aplicado por los aztecas a todos aquellos grupos que no hablaban alguna de las lenguas del tronco nahua, más o menos inteligibles entre sí. Por lo tanto, el término tenía la connotación de extraño o extranjero y, a la vez, un sentido peyorativo de “bárbaro”, “tartamudo” y “poco inteligente”. Los españoles usaron de igual manera este término, así como el de “chochos”. Esta generalización no ha permitido definir con claridad los antecedentes históricos de este grupo que hoy en día se conoce como popoloca, por lo que los datos que se tienen se refieren más al área geográfica por ellos habitada que al grupo en sí. En general se cree que la región de Tehuacán estuvo habitada desde tiempos inmemoriales por gente de procedencia Olmeca (otro nombre de carácter genérico). Basándose en datos arqueológicos se han establecido una serie de fases para la región de Tehuacán. La invasión de la región por parte de los Mexicas que se inició durante el reinado de Izcóatl, ocasiona el ocaso del poderío popoloca. Moctezuma Ilhuicamina conquista Tlacotepec y Tzinacatepec; Ahuizotl hace lo propio de los señoríos de Acatepec y Caltepec y Moctezuma Xocoyotzin somete finalmente a toda la región al vencer a los de Tehuacán y Tepexi. Tan solo el Señorío de Cuthá, gobernado por Xopanatl conserva su independencia. Los mexicas impusieron a los popolocas fuertes tributos consistentes en cargas de cal, huipiles, mantas teñidas en azul y negro, cueros de venado y cañas de otata, que servían de astas para las lanzas. Con el auxilio de algunos de los gobernantes popolocas a los cuales permitieron conservar sus privilegios y un relativo poder, los españoles se adueñaron fácilmente de la región. La evangelización estuvo a cargo de los franciscanos, quienes en 1529 construyeron un convento en Tepeyacac y, alrededor de 1540 los de Tecamachalco, Quecholac y Tecali, los cuales sirvieron para iniciar la metódica catequización de los popolocas retardada por la dificultad de la lengua. Durante la Colonia y aún en la época de la Independencia, los popolocas fueron objeto de una despiadada explotación por parte de encomenderos y caciques locales y de la usurpación de sus terrenos comunales, cuya posesión no ha sido reconocida legalmente sino hasta la fecha reciente, habiéndose dotado además a algunas comunidades de terrenos ejidales. UBICACIÓN Y MEDIO AMBIENTE En la actualidad la población popoloca comprende tres fracciones sin continuidad geográfica. Una situada al noreste de Tehuacán que abarca parte de los municipios de Tlacotepec de Benito Juárez y Tepanco de López; otra, al sur del propio lugar, incluye los municipios de San Gabriel Chilac y Zapotitlán Salinas y la última al norte de Acatlán de Osorio y al Oeste de Tehuacán, constituida por los municipios de Tepexi de Rodríguez, San Juan Ixcaquixtla, Santa Inés Ahuatempan y San Vicente Coyotepec. Cada una de estas tres zonas tiene sus características propias. Así, la primera se localiza en el llamado Valle de Tehuacán, de tierras fértiles, aún cuando las comunidades popolocas se ubican en partes montañosas a 2000 o más metros sobre el nivel del mar, con escasas tierras cultivables. El clima es templado en verano y frío en invierno. La fauna es pobre, consistente en mamíferos menores y reptiles. Existen algunos reducidos bosques de pináceas, sin posibilidades de explotación forestal y frutales como la manzana, la pera y el durazno. La segunda se encuentra en la zona montañosa semidesértica, prolongación de la mixteca oaxaqueña, de clima contrastante y vegetación de xerófitas. La fauna es igualmente escasa, similar a la anterior. En esta zona se encuentran minas de ónix y mármol. La principal vía de comunicación es la carretera pavimentada Tehuacán-Huajuapan de León, Oaxaca, que comunica a la cabecera municipal de Zapotitlán Salinas, de la cual parte un camino de terracería a los Reyes Metzontla. La tercera zona pertenece geográficamente a la Mixteca Alta Septentrional, por lo cual su clima es también desértico extremoso, con la vegetación correspondiente. Los suelos están en un acelerado proceso de erosión, por lo que los terrenos cultivables escasean y la fauna es prácticamente inexistente. Los caminos principales son el pavimentado que va de Tepexi de Rodríguez a San Juan Ixcaquixtla y el de terracería que partiendo del primer lugar mencionado conduce a Acatlán de Osorio. Los datos relativos a la población popoloca son poco confiables. En las publicaciones del IX Censo de Población 1970 no aparece la cantidad de hablantes popolocas dado lo reducido de su número. Sin embargo, Meyer y Masferrer, basados en dicho censo consignan la existencia de 2 mil 500 hablantes de chocho-popoloca, mayores de 5 años de edad, considerando a estos dos grupos étnicos como uno solo. Algunos autores calculan su número de acuerdo a estimaciones de campo en 8 mil personas. El Centro Coordinador Indigenista Nahua-Popoloca de Tehuacán, dependiente de la Comisión para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI), en una investigación realizada, consideró una población aproximada de 10 mil popolocas para los municipios de Tlacotepec de Juárez, Tepanco de López, Zapotitlán Salinas y San Gabriel Chilac (ordenados conforme a su importancia numérica) y de cerca de 2 mil para los municipios de Tepexi de Rodríguez, Santa Inés Ahuatempan, Coyotepec y San Juan Ixcaquixtla, o sea, la tercera zona cercana a Acatlán. En su mayoría los popolocas son bilingües, hablando exclusivamente la lengua indígena materna los más ancianos. El popoloca, según la clasificación lingüstica de Swadesh pertenece al grupo Otomangue, tronco savizaa, familia mazateco-popoloca, estando íntimamente ligado con el chocho. Es una lengua tonal o sea que una misma palabra puede tener diversos significados según su entonación, lo cual dificulta tanto su escritura como su aprendizaje. Algunos especialistas mencionan la existencia de cuatro tonos y otros tres. Debido tal vez a su separación geográfica, el popoloca que se habla en las tres zonas a que se ha hecho mención es muy diferente entre una y otra, a tal grado que el entendimiento mutuo es bastante precario. INDUMENTARIA Hasta hace dos o tres décadas la indumentaria general en el hombre era el calzón de manta blanca, sostenido por una faja de algodón tejido, camisa de igual material, adornada con figuras bordadas con hilo rojo, sombrero de palma, sandalias o huaraches del tipo llamado “pata de gallo”. Mujer Popoloca La mujer utilizaba una falda hecha de una larga pieza de manta enrollada con una faja como cinturón, una blusa corta con mangas igualmente cortas y escote cuadrado, adornada con bordados hechos de hilo color rojo y rebozo. Esta indumentaria tiende a desaparecer, siendo usada hoy en día únicamente por personas de edad madura. VIVIENDA La casa tradicional en las zonas semidesérticas es rectangular y se construye totalmente con materiales de la región, en un solar cercado por un muro de tepetate de poca altura. Las paredes están hechas de troncos de guaje, arbusto leguminoso o de quiote (tallo del maguey) unidos con mecates de palma. El techo de cuatro aguas es de palma o pencas de maguey, quedando en el vértice la denominada “oreja popoloca” que es una especie de orificio orientado en la dirección del viento predominante que corre a todo lo largo de la casa y permite la ventilación. Tiene puerta al frente y una pequeña ventana. El piso es de tierra. La casa consta generalmente de un solo cuarto que sirve a la vez de recámara, comedor y cocina, aún cuando puede tener divisiones interiores de materiales ligeros. El mobiliario se compone normalmente de camas de otate o petates, bancos o sillas de madera, cajas de cartón o madera en las se guardan diversos objetos. En la mitad destinada a la cocina se encuentra el fogón y a su alrededor utensilios tales como el metate de tres patas, ollas, cántaros, cómales y cacerolas de aluminio que, al igual que ciertas prendas de vestir, cuelgan de estacas de otate incrustadas en las paredes. También es frecuente, sobre todo, en el centro de los poblados semi-urbanizados, las casas de piedra hechas con grandes bloques de tepetate, las cuales tienen techo de teja o palma. Sin embargo, el cuarto o los cuartos de la casa de piedra muchas veces sirven tan sólo como granero o para recibir huéspedes, viviéndose en la casa tradicional construida en la parte posterior. ECONOMIA Los datos que se consignan a este respecto corresponden a la zona de Tepexi de Rodríguez, debido a la carencia de información sobre las otras dos, aunque es posible que puedan ser válidos en cierta medida, con relación a las mismas, particularmente en el caso de los Reyes Metzontla, también semidesértica. Predomina el sistema privado de tenencia de la tierra, coexistiendo con el ejidal y el comunal. Empero, esta última se usufructúa de hecho como propiedad privada, ya que la parcela se considera como perteneciente a una determinada persona, la cual puede legarla a sus hijos. El problema actual es que en casos de necesidad pueden venderse, lo cual ha propiciado la concentración de la tierra en unas pocas manos a la vez que aumenta el ya de por sí alto número de personas carentes de tierras. La agricultura representa la actividad económica fundamental en cuanto constituye la base de la subsistencia, pero no basta para asegurarla, porque es deficitaria. Así, el maíz, el principal cultivo, no se produce en cantidad suficiente y, es preciso adquirirlo con los comerciantes de los pueblos vecinos en la época de escasez. Esto, se debe a lo reducido de la parcela (una hectárea en promedio), a la mala calidad de los suelos, generalmente pedregosos, sobre todo, en las parcelas comunales y a las pocas superficies de riego disponibles. Además, se cultivan aunque en pequeña escala el frijol y el trigo, éste último con fines comerciales por parte de quienes tienen tierras excedentes. El guaje, árbol leguminoso, es abundante y sus semillas crudas o cocidas sirven como alimento complementario, lo mismo que la tuna y diversos vegetales. La ganadería es prácticamente inexistente. Solo se tienen algunos pequeños hatos de cabras, unos cuantos cerdos, pavos y gallinas, los cuales se venden en caso de algún apuro económico. Una importante fuente de ingresos la constituye el tejido de palma, aún cuando no en forma de sombreros sino de petates, los cuales fabrican las mujeres y son adquiridos por los acaparadores locales a un precio muy inferior al comercial o bien se truecan por maíz u otros artículos indispensables. Los hombres, cuando las actividades agrícolas lo permiten o cuando no tienen tierra, se alquilan como peones en sus propias localidades con las personas que tienen propiedades mayores o buscan trabajo temporal en las plantaciones cercanas o en la ciudad de México. Pocas veces emigran a lugares muy distantes o se alejan definitivamente de sus comunidades de origen. Otros, complementan su economía actuando como músicos existiendo numerosas bandas que tienen cierto prestigio como las de San Felipe Otlaltepec que son contratadas para tocar en pueblos vecinos y en los estados de Tlaxcala y Oaxaca. ARTESANIAS De acuerdo con fuentes históricas, la producción artesanal de la región popoloca era durante la época prehispánica y la Conquista, muy variada y de gran calidad artística, estando a cargo de especialistas. Se producían huipiles y mantas de algodón, tocados de pluma, cerámica roja y negra sin vidriado, trabajos en madera y artículos de palma y otate. La casi totalidad de estas artesanías ha desaparecido y las que se conservan han perdido su calidad artística. La cerámica se práctica únicamente en el área de Oteapan y Los Reyes Metzontla, elaborándose loza bruñida de alta calidad como vasijas, cómales moldeados a mano y en el último de los lugares mencionados, cántaros decorados con chorreado de niscómitl. En otros sitios se fabrican objetos de bejuco y en la zona popoloca de Tepexi de Rodríguez petates sencillos de color natural, haciéndose también aunque en muy pequeña cantidad con fibras de palma teñidas en rojo, verde y lila con productos químicos. En antaño los petates tenían complicados motivos zoomorfos o figuras geométricas. En San Gabriel Chilac aún pueden encontrarse vestidos y camisas extraordinariamente bordadas con chaquira y que incluso se usan en fiestas como la de Atlixcayotl. ORGANIZACIÓN SOCIAL En algunos lugares de población concentrada, como San Felipe Otlaltepec, el pueblo se divide en barrios o secciones y éstos, a su vez en sectores. Aún cuando hay movilidad de un barrio a otro es importante la adscripción por nacimiento. Así muchas veces una persona que circunstancialmente viven en una sección, participa en las faenas de aquella en la cual nació. En algunos casos la delimitación puede tener un carácter étnico o agrario. Los barrios tienen generalmente su propio santo o patrón y su banda de másica, la cual toca gratuitamente durante la celebración correspondiente. Cada barrio tiene un inspector o jefe de sección y uno o dos auxiliares, cuya función es organizar las faenas para las obras de beneficio colectivo, servicio que no es remunerado. Parece ser que hasta hace poco tiempo la unidad social básica la constituía la familia extensa. Sin embargo, aún cuando esta unidad persiste todavía, la emigración y la individualización de las relaciones económicas tienden a favorecer el predominio de la familia nuclear, constituida por los padres y los hijos. El compadrazgo o parentesco ritual establece estrechos vínculos sociales y económicos entre los contrayentes. Las relaciones entre los compadres son tanto o más fuertes que las que se establece entre el padrino y el ahijado. En todos los aspectos del ciclo de vida: el nacimiento, bautizo, primera comunión, confirmación, matrimonio y muerte, interviene el compadrazgo. El matrimonio se realiza normalmente a temprana edad. El joven escoge a su futura esposa y lo comunica sus padres, quienes en ciertos lugares, acuden con el “xiticaxanoo” o casamentero, llamado también tetlale, para que, después de varias visitas y regalos a los padres de la novia concierte el matrimonio. Hoy en día es cada vez más frecuente que el arreglo se lleve a cabo directamente entre los padres de los contrayentes o que el joven solicite la mano de la muchacha a sus progenitores. La fiesta de la celebración es lo más costosa posible, dado que a mayor erogación, mayor es también el estatus social que se adquiere. Los gastos corren a cuenta de los padres del novio, contribuyendo los padrinos y parientes allegados. Después de consumado el matrimonio, usualmente la pareja se instala por un tiempo en la casa de los padres del esposo, hasta estar en condiciones de tener vivienda propia pero, según sus condiciones económicas, puede permanecer con los padres de la novia. ORGANIZACIÓN POLÍTICA Los municipios en que habita la población popoloca se rigen por reglamentos políticos estatales, estando los cargos inherentes en manos de los mestizos. En cada pueblo indígena se nombra, de acuerdo a dichas normas, una junta auxiliar compuesta por diez miembros, cinco propietarios y cinco suplentes, todos los cuales desempeñan una función gratuitamente y son elegidos democráticamente por un periodo normal de tres años. Es frecuente que estos cargos recaigan en las personas que han desempeñado un puesto de inspector de un barrio determinado, siendo designados en forma rotativa. La junta auxiliar encabezada por un presidente, atiende todos los asuntos del pueblo, quedando los relativos a la tenencia de la tierra a cargo del representante de bienes comunales o del comisariado ejidal, en su defecto. ORGANIZACIÓN RELIGIOSA Cada pueblo popoloca tiene uno o dos santos patrones y cada barrio o sección, así como cada banda, tiene el suyo propio. La celebración de cada santo queda a cargo de un mayordomo, por lo que hay un gran número ellos. En las festividades más importantes, el mayordomo se elige entre los miembros de un determinado barrio, pasando el cargo posteriormente a los de otros barrios que comprende el pueblo. Es auxiliado en sus tareas y en los gastos pertinentes por un representante de cada sección. El mayordomo y los representantes son designados por los funcionarios salientes. Las designaciones toman en cuenta el haber desempeñado alguno de los cargos religiosos inferiores y, en ocasiones, algunos de carácter político. Los gastos correspondientes a la celebración son muy altos para el nivel económico del popoloca, pero confieren a quien lo ejerce un alto estatus social, por lo que rara vez es rechazado el puesto. Otros cargos religiosos son el de sacristán, quien cuida la iglesia y es reemplazado cada año por un miembro de otra sección y los de fiscales que proceden de los diferentes barrios, cuidan el aseo de la iglesia y tocan las campanas. El culto a las deidades tradicionales ha desaparecido totalmente, reemplazado por un catolicismo que podría estimarse como medieval, sobre todo, en lo que concierne al tratamiento de las enfermedades, para lo cual se solicita al curandero. Las enfermedades más comunes a juicio de los indigenas son el “mal aire”, “el espanto” y “la pérdida del alma”. FESTIVIDADES Las festividades que tiene lugar en las comunidades popolocas son numerosas en virtud de la gran cantidad de santos, objeto de veneración, ya que como se ha dicho: pueblos, barrios y bandas, tienen cada uno su propio santo tutelar. Las más importantes en el área, son el carnaval, la semana santa, todos santos, las posadas y la navidad. Su celebración carece de elementos netamente indígenas, efectuándose generalmente procesiones, quema de fuegos artificiales, bailes, corridas de toros, audiciones por las bandas locales y de lugares vecinos, entre otras peculiaridades. RELACIONES INTERÉTNICAS Los popolocas de la primera zona que comprende los municipios de Tlacotepec de Benito Juárez y Tepanco de López, se encuentra enclavada en un área predominantemente mestiza, los de la segunda zona (San Gabriel Chilac y Zapotitlán Salinas), conviven tanto con nahuas como mestizos y los de la tercera zona (Tepexi de Rodríguez, Santa Inés Ahuatempan y San Vicente Coyotepec), con mixtecos y mestizos. Las relaciones tanto con los nahuas como con los mixtecos son cordiales sin que se presenten problemas mayores de fricción a causa de la tenencia de la tierra o algún otro motivo. Cada grupo étnico, sin embargo, mantiene cierto aislamiento con respecto a los otros y una endogamia grupal. Con la población mestiza, a pesar de que ésta asume una actitud de superioridad y discrimina al popoloca y se aprovecha de su ignorancia del sistema comercial, también mantiene buenas relaciones. Ni en la época colonial ni en la independiente se han presentado conflictos graves o rebeliones, como ha ocurrido en la mayor parte de las regiones indígenas. En resumen e igual orden de ideas, el presidente honorario de la Casa de Cultura Étnica Popoloca Xinatitiqui Kicia, Marco Antonio Carrillo Méndez, señaló que Mesoamérica vio surgir así una serie de manifestaciones culturales que en mucho colaboraron para que pudiera decirse que esta región “es fuente de civilización”, dado que fue en estas tierras donde se domesticó el maíz: planta básica en los sistemas alimentarios de América. “El chile, la calabaza, el jitomate, el aguacate, el amaranto y el algodón, resultaron favorecidos en su cultivo y dieron origen a la cerámica, la cestería, la arquitectura, los sistemas de riego, la medición del tiempo, la previsión del clima y el sabio y óptimo aprovechamiento de una geografía muy agresiva.” “Lo que hoy conocemos como artesanías no es sino una pálida muestra del esplendor de las grandes tecnologías que dominaron en lo que actualmente es Tehuacán y cada uno de los municipios que lo rodean”. “La loza de los Reyes Metzontla, el ónix de San Antonio Texcala, la cestería de Ajalpan, los mecates de Altepexi, la producción de sal de Zapotitlán Salinas, los petates o tenates de la mixteca, no son más que meros ejemplos de una gran sabiduría de la vida que se está perdiendo” “Y qué decir de la riqueza gastronómica que se logra con la habilidad de la mujer de la sierra, la montaña, el valle, la joya y la mixteca: de las denominadas cinco regiones”. “El aprovechamiento de frutos, raíces, hongos, insectos, aves, mamíferos y reptiles existentes en esta zona han producido una cocina no solo nutritiva, sino famosa en algunos casos como el mole de caderas que durante la temporada de la matanza de ganado caprino se prepara en los meses de octubre y noviembre”. Puntualizó que “algunos han llamado raíces histórico-culturales a esa enorme relación no siempre completa de expresiones humanas, por lo que el conocimiento de éstas son un valioso recurso para entender mejor nuestro presente y enfrentar el futuro, tomando en cuenta que los hechos de un individuo inciden en los de otros y al cruzarse con los de otros, tejen esa misteriosa trama a través de la cual el hombre ha llegado al presente, dejando en el tiempo y en el espacio huellas de su paso: sus artes, su técnica, su filosofía, lo que hoy llamamos cultura”. Recalcó que “es necesario que todo esto se conozca, por que si perdemos nuestra memoria histórica, nuestro sentido de comunidad, nuestra identidad individual y colectiva, nuestras tradiciones, nuestras costumbres y el respeto a la niñez, a la juventud y a la ancianidad, no habrá oportunidad para tener un lugar en el futuro del mundo que nos rodea, todo estará perdido” De ahí, exhortó “a trabajar desde el interior de cada familia, de cada escuela, de cada colonia y de cada población, para que las riquezas de las que hoy somos dueños no se pierda en las manos del desinterés”. Instó “a que todos hagamos un esfuerzo por recuperar y revalorar nuestro pasado histórico, dado que solo de esta manera se podrá asegurar nuestro futuro y darle a cada cultura y, en este caso particular, a la popoloca, el lugar y la importancia que la historia le han negado hasta el momento”. Textos e investigación: Casa de Cultura Étnica Popoloca “Xinatitiqui Kicia”

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